Balazo en el pie

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Balazo en el pie

Por: Gustavo Santin Nieto

Lo que muchos sospechaban se confirma Gracia. La expansión del subsistema de educación media superior -y en algunos casos de media básica- sería en muchos de ellos, una cuestión meramente vinculada con el crecimiento artificial y cumplimiento de metas, basado en mentiras y en la sobreexplotación de las y los trabajadores de la educación que se desempeñarían en este nivel. Esta verdad soterrada saldría a colación casi al mismo tiempo en que el INEGI diera a conocer la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2021(Comunicado de Prensa Núm. 350/22 del 4-06-22) y la dependencia, cabeza del sector educativo publicara el Boletín SEP 151 Reconectará SEP más de 24 mil telesecundarias y telebachilleratos para el ciclo escolar 2022-2023 (28-06-22).

Uno de los subtítulos de la nota SEP 151 daría cuenta del abandono en la que se encuentra esta modalidad de enseñanza: el “99% de los teleplanteles en el país están desconectados de la Red Edusat”; crítica descarnada a los “gobiernos del pasado” y cuya reconexión requeriría de una inversión “de más de 600 millones de pesos”. Pesos depreciados que en términos reales serían inferiores a los 400 millones invertidos cuando se estableciera la televisión educativa en 1964. Las inequidades educativas que provocaría prestar un servicio público en el que se carecería tanto de la tecnología mínima requerida (televisores y antenas parabólicas, señal de internet) o en su defecto, de una planta docente suficiente, afectaría a 1 millón 600 mil alumnos, 18 mil docentes, 24 mil telesecundarias y telebachilleratos. Las telesecundarias se remontarían al año 1966. Ernesto Meneses y las coautoras de la obra Tendencias Educativas en México señalarían: “Una de las innovaciones educativas más trascendentes del Régimen de Díaz Ordaz fue introducir la televisión de los programas de alfabetización y en la discusión de la enseñanza secundaria” (Pág. 118, Vol. IV). Cuarenta y cinco años más tarde se crearían los telebachilleratos comunitarios y similares (bachilleratos en desarrollo comunitario en Puebla), sin instalaciones propias, hospedados en las de las telesecundarias -con quienes en muchas ocasiones entrarían en conflicto-, sin tecnología y sin docentes; pero, con mucha labia, recurso con el que las y los burócratas enfrentarían la obligatoriedad establecida para cursar ese nivel.

No obstante que desde su origen se reconocería la importancia de la radio y la televisión -como auxiliar didáctico-, especialistas de la época -como Gringoire, citado por Meneses y colaboradoras- reconocerían que: “la televisión era valiosa y eficaz como auxiliar del maestro en la enseñanza, pero no podrá sustituirlo”; máxima que se aplicaría tanto en la educación a distancia como a las clases impartidas por televisión, ya que no podría existir comunicación entre “una imagen y la persona del alumno”. La computadora (1970) como citan los autores de la obra, vendría a revolucionar la vida y la manera de transmitir el conocimiento; innegablemente, las maestras y los maestros seguirían siendo insustituibles.

La cabeza de un comunicado cuya autoría le correspondería a la Coordinación General @prende.mx, publicado el 2 de enero del 2020, destacaría datos y cifras que valdría la pena rescatar y, entre ellas, resaltarían las siguientes Gracia: 1 de cada 5 alumnas y alumnos que cursan la educación media básica asisten a una telesecundaria y “seis de cada diez secundarias públicas en México son telesecundarias”; empero y líneas más adelante mencionaría un porcentaje diferente: “Cifras recientes del Sistema Nacional de Información Estadística Educativa señalan que las telesecundarias representan el 48% de los planteles educativos de secundaria en México” (18 mil 743 planteles), que atenderían a casi 1 millón cuatrocientos mil escolapios con una plantilla de “72,505 maestras y maestros” (17.8% del total).

El boletín sin número 2020 y el Boletín SEP no 151 Reconectará SEP más de 24 mil telesecundarias y telebachilleratos para ciclo escolar 2022-2023, de la autoría de la Coordinación General citada, resaltaría bondades del primero y carencias del segundo. El de las loas, mencionaría al Bachiller Álvaro Gálvez y Fuentes, pero omitiría los nombres de Gustavo Díaz Ordaz y de Agustín Yanes a la sazón de la SEP y quien publicaría el acuerdo que inscribiría a la telesecundaria como subsistema del Sistema Educativo Nacional (https://bit.ly/3O0sQw1). Si bien algunas proclamas -incluso oficiales- indicarían que el subsistema de telebachilleratos arrancaría “en el ciclo escolar 2013-2014 la Secretaría de Educación Pública y los gobiernos de los estados pusieron en marcha una prueba piloto en la que participaron 253 planteles de diversas entidades de la República Mexicana”. La Historia de la Telesecundaria y del Telebachillerato, citaría en una línea de tiempo suscrita por Emmanuel Neri que la proyección de este subsistema tendría lugar entre el 15 de enero de 1993 y el 27 de abril de 1994; reconocería que Veracruz de la Llave sería el precursor de los telebachilleratos al impartir a partir del 13 enero de 1995, una modalidad: la de videobachilleratos -aderezados con cuadernillos didácticos-; modalidad que se exportaría más tarde a “9 entidades de la república”; Aguascalientes iniciaría este subsistema a partir del 8 de junio de 2002. Para marzo del 2013, el autor reportaría que “los TBC estatales atendían a 185 753 alumnos (4% de la matrícula nacional) con 8 640 docentes”. No obstante, la Subsecretaría de Educación Media Superior en la página vigente

http://www.sems.gob.mx/telebachilleratos

reportaría que “para el ciclo escolar 2019-2020 se cuenta con 3,306 Telebachilleratos, con una población de más de 127 mil estudiantes con más de 9,722 docentes”, que comparando arrojarían 57 754 mil alumnos menos que en 2013 y casi 1 100 docentes más que los contratados ese mismo año.

La crítica formulada por la coordinación general, reconocería rezagos atribuibles a otras administraciones como ya se mencionara; sin embargo, tendría el efecto de darse un balazo en el pie, pues los señalamientos les alcanzarían y demostrarían que quienes reciben este tipo y modalidad de servicio (1 de cada 5 adolescentes) y que viven en situaciones de extrema vulnerabilidad pudiesen mejorar las condiciones de enseñanza aprendizaje -autoaprendizaje-, dotando a sus planteles con la infraestructura académica de vanguardia que incluiría el equipo de cómputo, bibliotecas digitales, señal de internet, alimentación y una planta docente especializada que les permitiría superar rezagos Gracia.

 

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